“Hemos de desterrar la idea de que la obesidad es responsabilidad personal de la persona que vive con esta enfermedad debido a su escasa fuerza de voluntad”
Históricamente el manejo de la obesidad se ha limitado a proponer una dieta, restringiendo la cantidad de alimento, y a recomendar hacer ejercicio, obviando otros muchos factores que inciden en el desarrollo de esta enfermedad, entre los que hay que destacar los factores psicológicos/emocionales. Evidentemente este modelo se ha demostrado fracasado a largo plazo, ya que cada vez existen en el mundo más personas haciendo dieta y por contrario el número de personas que viven con obesidad no cesa de aumentar.
No es raro que estas personas presenten un comer emocional, es decir, que gestionan sus emociones acudiendo a la comida, y comen cuando están estresadas, con ansiedad, porque están aburridas, se dan atracones o son comedores nocturnos. Por tanto, es fundamental el enfoque psicológico para que un cambio de habitos les permita alcanzar un peso saludable y mantenerlo en el tiempo.
La obesidad como enfermedad crónica, repercute en múltiples órganos y funciones de nuestro organismo, relacionándose con diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, apnea obstructiva del sueño, síndrome de ovario poliquístico, artrosis y cáncer.
El paciente candidato a cirugía tiene que cumplir una serie de requisitos y previamente se ha tenido que someter a un tratamiento nutricional/farmacológico que haya fracasado, no habiéndose mantenido la pérdida de peso en el tiempo.
Una vez incluido en la lista de espera para ser operado es crucial que antes de la intervención pierda al menos un 10% del exceso de peso para prevenir complicaciones durante la operación, ya que esto permitirá el cirujano tener una mejor visión en el acto quirúrgico.
Después de la intervención se han de seguir una serie de fases a la hora de comenzar a comer (dieta líquida, dieta triturada, dieta semisólidos, dieta solida). El objetivo de la cirugía es la pérdida de peso y que esta se mantenga a largo plazo. Pero esta pérdida se ha de procurar que sea a base de grasa y no de musculo, por lo que es fundamental hacer un seguimiento adecuado del paciente.
Por otro lado, tras la intervención la anatomía del aparato digestivo ha cambiado y numerosas vitaminas y minerales no serán absorbidos adecuadamente, por lo que se hace necesaria una suplementación de estas vitaminas y minerales ya de por vida y el consiguiente seguimiento para evitar déficits de estos elementos.





A mi formación y experiencia en el campo de la alimentación hay que añadir el que soy un paciente bariátrico que se ha sometido a un Bypass Gástrico, por lo que he podido comprobar en primera persona tanto los beneficios como los inconvenientes de someterte a una cirugía de estas características. En mi caso concreto, acudía a la comida como remedio a las preocupaciones, el estrés y la ansiedad. Pero el hecho de que te reduzcan el estomago no soluciona el problema de fondo, que en definitiva es un comer emocional. La intervención fue el empujón que necesitaba, pero lo que garantiza un éxito a largo plazo es un verdadero cambio de hábitos.
Esto me permite ponerme en tu piel, comprenderte y estar dispuesto para guiarte en los cambios que tienes que realizar previos a la cirugía y que son necesarios para prevenir complicaciones durante la misma, y por supuesto para que tus hábitos alimenticios después de la cirugía sean los adecuados y el éxito del proceso se mantenga en el tiempo a largo plazo.
“Uno de cada cuatro pacientes reganan el peso tras la intervención quirúrgica”